jueves, 6 de octubre de 2011

Una catástrofe ya!! así tenemos la tarde libre!!




Hay algo que me encantó de la Confesión de Iván Moiseeff, hace un par de noches en Confesionario en el Rojas- Contó que de chico pasó de vivir en Rosario clase media alta, a Buenos Aires en un departamento dos ambientes- Su mamá, recién divorciada,  con 40 años debía ponerse a trabajar por primera vez en su vida- La gata engordaba y se erizaba de manera demoníaca frente a las cortinas que parecían moverse por una fuerza diabólica- El pequeño Iván miraba películas de terror en las que pasaban cosas sobrenaturales aterradoras- Las cuentas a pagar se apilaban bajo la rendija de la puerta- Así los niños maléficos, las casas poseídas, las motosierras, las hachas, los cuchillos, los fantasmas, el mal, y todo ese universo de fuerzas inmanejables hacían de las suyas, destruyendo, moviendo, aniquilando y jugando con los humanos a su antojo- Y a la vez, que temía las apariciones de esperpentos o fantasmas; el terror, era la gran esperanza, porque significaba que todo podía cambiar- que el mar podía inundarlo todos, que los muertos podían copar la tierra, y cuanto mayor magnitud el desastre, la invasión mas abrupto y definitivo el cambio- De modo que con todo el miedo del mundo si algún día la tierra se detuviera y dejara de girar , entonces, ese día, al fín, seguro no habría que pagar las facturas bajo la puerta-

Amantes del terror, a la espera de que Todo Cambie y con la esperanza de que Todo puede ser diferente- o al menos interrumpir nuestras obligaciones una tarde-


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