el 4 de octubre en Madrid

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La máquina de proyectar sueños

martes, 31 de mayo de 2016

martes, 24 de mayo de 2016

El yo a la distancia

http://laagenda.buenosaires.gob.ar/post/144856553740/el-yo-en-la-distancia



EN TODO ESTÁS VOS
Buenos Aires Ciudad


FICCIÓN

El yo en la distancia

Definida como “fábula autobiográfica”, la novela de Cecilia Szperling rescata vivencias lejanas a través de un manto onírico.

24 de mayo de 2016
por MARINA YUSZCZUK
LA MÁQUINA DE PROYECTAR SUEÑOS
Por Cecilia Szperling.
Interzona. 176 páginas. $245.
Hartos de nosotros mismos: si no lo estamos, dentro de poco lo estaremos. Porque las últimas dos décadas fueron del yo, en la tele, el arte, la literatura, la publicidad y la política. Cada uno como el protagonista de su propia novela, tenga o no tenga algo para contar. Al mismo tiempo, ¿qué otra cosa tiene para decir un escritor más que su propia vida? O por lo menos, qué otra cosa que sea genuina, en la que se lea algún destello de ese diamante que es la experiencia. La contradicción está, y los más afortunados lograrán hacerla productiva.
Cuando Cecilia Szperling empezó a escribir La máquina de proyectar sueños, su novela autobiográfica La máquina de proyectar sueñosque acaba de publicar Interzona, ya tenía dos libros publicados, y estaba tan metida en la literatura de la subjetividad que debió buscar algún recurso para salir de la fe ciega, o ingenua, en el valor de decir “yo”. A cargo de Confesionario. Historia de mi vida privada (un ciclo de entrevistas con escritores que empezó en 1998 y tuvo ediciones en bibliotecas, luego en el Centro Cultural Rojas y actualmente en Radio UBA, los jueves de 22 a 24), que ya tiene casi veinte años, al principio tuvo que convencer a varios escritores consagrados de que participaran, porque miraban con desconfianza la lectura pública y el hecho de desnudar lo personal frente a otros, sin mediación de la escritura. Al ciclo, incluso, se lo tildaba de egocéntrico (lo es, claro, solo que literal y no moralmente). Cecilia cuenta que muy pronto se armó una ola de literatura y teatro autobiográficos, y acompañando esa ola,Confesionario se puso más intenso.
¿Fue mejor o peor estar tan cerca de esa especie de vidriera del yo cuando le tocó el turno de escribir una biografía? Al menos, el contacto con esas escrituras cambió algo. Después de queConfesionario llegara a su esplendor, con textos de María Moreno, Pedro Mairal, Daniel Link, Alan Pauls, Gabriela Cabezón Cámara, Martín Kohan, Romina Paula y Marina Mariasch, entre otros (textos que prácticamente le leyeron al oído), Cecilia sintió que tenía que entrar de otro modo en la autobiografía. “Quizás –dice– confesando que en las noches tengo miedo y me siento una niña de diez años que camina sola en camisón por un jardín en sombras, lleno de plantas, flores y frutos que nadie cuida”.
Por eso, La máquina de proyectar sueños no es una biografía sin más, sino una “Fábula autobiográfica”, como anuncia la portada, casi en un oxímoron; es una historia que abarca los primeros años –de los 7 a los 15– en la vida de una nena que es ella misma, pero contados como si los viera en sueños, irreales, o con esos movimientos detenidos que tenemos bajo el agua. Todo empieza como un cuento, el de una nena que comparte la habitación con las hermanas, pero a diferencia de ellas, no puede dormir. No puede hacer eso que los niños pueden y tan bien les sale: abandonar las preocupaciones, apagar la mente. Por eso, fabula, y en el aburrimiento de la casa silenciosa (que ella percibe casi como el castillo abandonado de un cuento) empieza a generar también una mirada.
Lo que viene después es la formación, casi una educación sentimental de la que Szperling destaca varios hitos, como el día en que la mamá recitó para ella, porque estaba enferma, uno de esos poemas de Juana de Ibarbourou que solía recitar a las visitas, de vez en cuando, y como un lujo. “¿Qué es esto? ¡Prodigio! Mis manos florecen. / Rosas, rosas, rosas a mis dedos crecen. / Mi amante besóme las manos y en ellas, / ¡oh gracia! brotaron rosas como estrellas”. Pero lo que la hija extrae de esa puesta tiene que ver con la poesía como con ser mujer, o al menos, con una asociación demasiado natural entre mujeres y sentimientos. Después de recitar, a veces la madre dejaba caer una lágrima perfecta por la mejilla, y un día la nena, mientras llevaba en la cabeza una corona de flores blancas hecha por la mamá, durante una vacaciones en las sierras de Córdoba, logró que le salga una lágrima parecida.
Después fueron el sexo y otras cosas prohibidas con una compañera de secundario a la que echaron por contarle Belle de jour en el almuerzo. Y la posibilidad del amor como catástrofe con la lectura de Ana Karenina, antes y después de las clases de danza. Un mundo rosa, en cierta forma, pero mirado con desconfianza, porque el papá le había enseñado que todo era ficción (aunque a los quince años de la hija, tras una larga enfermedad, ejecutara el acto demasiado real de morirse). El límite de ese modo de mirar, y de la voz de nena que lo acompaña en esa especie de “autobiografía de las fantasías”, que es el libro según lo define Szperling, es la muerte del padre, que rompe esa ensoñación.
La nena de ojos gigantes, como la que ilustra la tapa del libro, llega hasta ese punto. En realidad, la ilustración de Flavia Da Rin muestra a dos chicas: una rubia y una morocha secretean, mientras la que parece ser más grande le indica a la otra que haga silencio. A mitad de camino entre nenas y muñecas, ellas son las protagonistas del libro, convertidas en esas criaturas fantásticas que produce Flavia Da Rin tomando como materia prima la captura de lo real. A partir del registro más indiscutible, ese que podrá ser subjetivo pero que para Barthes trae un testimonio, como mínimo, de lo que ha sido, la artista construyó su obra sobre una serie de imágenes intervenidas digitalmente que dan como resultado un orden nuevo, un fantástico tecnológico y levemente inhumano.
Da Rin y Szperling empezaron trabajando juntas cuando el libro no era más que una idea. Cecilia escribió esos primeros textos donde narra las noches extrañadas del insomnio mientras las hermanas duermen, y entre las dos tuvieron la idea de hacer un libro de textos e imagen, siempre con el procedimiento que lleva la marca de Da Rin, de sacarse una foto y deformarla poéticamente. Eso, según Cecilia, dialogaba muy bien con su propia manera de buscar un yo poético: “Soy yo, pero estoy hablando desde una subjetivad fantástica, fabulosa. Estoy eligiendo los momentos de day dream, de ensueño, donde todo es un poco más fabuloso pero no deja de ser real. Y se lo vive más real que la realidad pura”.
En un principio, Flavia produjo cuatro fotos, pero no fue fácil encontrar un espacio para publicar la propuesta. Y las fotos quedaron ahí; a veces se proyectaban durante una lectura en público de eso que todavía no era La máquina de proyectar sueños, junto a otras partes de la obra de Da Rin, con ese énfasis en las niñas y en los ojos y la mirada perpleja que, para Cecilia, sincronizaba con su consigna del mundo interior que sale a la superficie. En el lugar que habitan las muñecas, que alguna vez fueron seres reales, se ubica La máquina de proyectar sueños. Es una vuelta de tuerca sobre las escrituras del yo, hiperbólica y teatral, desnaturalizada. Allí, la formación casi reglamentaria, que se impone a las nenas con sus libertades vigiladas, y la esperanza de ser un poco especial y princesa, vuelven sobre todo como pregunta.


Marina Yuszczuk es escritora y doctora en Letras. Escribe en Página/12. En Twitter es @myuszczuk


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Buenos Aires Ciudad


domingo, 22 de mayo de 2016

La máquina de proyectar sueños en La Nación

http://www.lanacion.com.ar/1900487-fabula-de-la-iniciacion

Fábula de la iniciación

Sobre La máquina de proyectar sueños, de Cecilia Szperling
SIGUIENDO
LA NACION
DOMINGO 22 DE MAYO DE 2016
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La historia de una niña, que ella misma cuenta a medida que transcurren su infancia y su adolescencia, deja entrever lo que escapa a los límites de la novela de iniciación. La máquina de proyectar sueños. Fábula autobiográfica es y no es un Bildungsroman ambientado en el barrio de Belgrano. Las razones que la definirían como tal las brinda el argumento: una chica que vive con sus padres y sus dos hermanas en una casona porteña rodeada por un jardín salvaje empieza, de a poco, a descubrir "el borde del fin de la representación". Allí la novela de aprendizaje hace un pliegue. A los trece años, Poe mediante, todo cambia para ella: "Si antes era la niña frágil, de golpe me veo como la niña reptil, acorazada con escamas". La coraza será útil más adelante. Por otro lado, ¿iniciación a qué? A los condicionamientos sociales, a las diferencias de clase, a la multiplicación de deseos, a la risa del lenguaje con ella como una Scherezade en miniatura que pretende ahuyentar los sueños. Pero también La máquina., como insinúa la protagonista, es una construcción narrativa, un artefacto de ficción escrito bajo la urgencia de un exorcismo: "Arrastrada, succionada por el muerto, quedé muerta, después resucito y ahí. ¡zombi!, como quedan todos los que tienen alguien que aman muerto". Contar la historia del hechizo quizá pueda salvarla.
Entre líneas, Szperling crea un relato espectral en un entorno familiar y social de decadencia física, sentimental y política. Por celos, la madre le puede parecer a la protagonista una criatura falsa (aunque también, con el delantal médico puesto, una mujer fascinante); como castigo, el espíritu de una niña deambula y la acosa mientras ella, burguesa insolada, se recupera a oscuras. Incluso el amado padre, mientras duerme, es "un fantasma empetrolado que se agenció el cuerpo de Padre pero sin cara y creo que sin manos también". Locuaz, la narradora confiesa que le gustan las fotos y los dibujos "que muestran realidad y sueños en un mismo plano". Ese plano es el de la novela.
A medias antiedípica, la fábula necesita una protagonista parcial, con contornos que se completan gracias al elenco de amigos y novios: "¡Somos como espejos que nos refractamos!". Respecto del grupo familiar es más bien una proustiana redomada: "Quiero vivir en el Departamento que no sufre. Que no es como Nuestra Gran Casa con toda su teatralidad de conflictos Chejov y Tres hermanas". Vivaz, estimulante y revirada, la escritura de Szperling ejercita poderes de médium no para resucitar un pasado muerto y enterrado sino para proyectar de nuevo vida a la vida de una narradora atribulada, para quien la realidad se asemeja a una coreografía repetida, a un simulacro o a un limbo donde los autómatas sueñan.


miércoles, 11 de mayo de 2016

11 de mayo Día del Himno Nacional Argentino

11 de mayo Día del Himno Nacional Argentino y mi cumple. Soy Mariquita Sánchez de Thompson!





Cumpleaños- Borsch al mediodía con hermanas y hermanados.

Hoy cumple al mediodía Borsch: rojo fuego loco, encendido, brillando al sol. Borsch de hermanas de sangre púrpura Susana y Silvina Szperling y los hermanados por conocernos desde siempre.
Rocco explicó como se mide la ley de gravedad, y que todo es masa, los agujeros negros también! y la cuarta dimensión. Axel Krygier tocó en el piano tremendamente hermosa canción de cuna francesa mientras la nueva bella Carlota K me acariciaba el hombro. Lola Di Tella en el Ukelele Some where over the rainbow. Hablamos de si nuestro libro o nuestra película o nuestra coreo y después de un amigo que está loco, y juegos de palabras y así se puso el sol y nos quedamos dormidos. durmiendo la siesta.



viernes, 6 de mayo de 2016

mañana Sábado 7 - CESZ con La máquina de proyectar sueños en La Feria del libro




La máquina de proyectar sueños en Radar Libros

libros
DOMINGO, 17 DE ABRIL DE 2016
CECILIA SZPERLING

MUCHACHA OJOS DE PAPEL

En La máquina de proyectar sueños, una original novela que su autora define como una “fábula autobiográfica”, Cecilia Szperling traza la historia de una chica insomne que de noche en noche, de juego en juego y entre fantasías y cuentos aterradores va descubriendo el mundo de los adultos, lleva a cabo su propia iniciación a la vida hasta desembocar en la literatura y sus sueños de papel.

 Por Mercedes Halfon
La nueva novela de Cecilia Szperling, La máquina de proyectar sueños, tiene en la tapa una de las clásicas ilustraciones de Flavia Da Rin de chicas ondulantes y juguetonas como ninfas, cuyo rasgo principal es el tamaño de sus ojos: ¿será el fruto de largas noches de insomnio, del exceso de llanto, de una curiosidad superlativa o simplemente la amplificación de una interioridad que se revela deforme? Algo de todo esto tiene la heroína de la novela, que es el relato de una niña solitaria que se convierte en muchacha, transitando el ámbito singular y cargado de su familia, la anomia horizontal de la escuela, para alcanzar luego aquellos vínculos que inventa a su medida. La historia va mostrándonos esos espacios como si la protagonista emitiera una luz teatral con un alcance mediano: vemos solo algunas facetas de sus padres, esmerilados perfiles de sus hermanas, sus mejores amigas, sus diferentes amigovios. Pero, sobre todo, vemos el espacio que media entre ella y ellos, un espacio que es ficcionalizado, texturado, iluminado con distintos haces de color.
La novela se autodefine como una “fábula autobiográfica”. ¿Cómo interpretar semejante contradicción? En principio como una desmarca respecto de las escrituras documentales, o del yo, de las que Cecilia también es propulsora y parte (no olvidemos que es la animadora del ciclo de lecturas en primera persona Confesionario, que luego se volcó en dos volúmenes de relatos autobiográficos editados por el C.C. Rojas). Si bien tenemos el relato retrospectivo de iniciación de una niña, con una serie de marcas que la señalan como autora y narradora vivencial, la novela se despliega en horizontes más amplios, no regidos por el documento ni el rigor a la verdad. Cecilia Szperling dice al respecto: “La fábula es la poética del personaje. De todos los posibles ‘yoes’ que contengo, hubo uno que se presentó, como en una sesión de espiritismo, y a ese no le puse límites. Dejé que remontara su poética y el tiempo fue dejando caer textos que me gustaban mucho pero que no pertenecían ciento por ciento a esa poética. De algún modo mi yo, no deja de ser un personaje de fábula”. Es así como este personaje narra en primera persona sus vivencias, sus aventuras intensas y lo hace además en presente. Es este punto de vista lo que da a su vez a la novela una dimensión fabulosa: ¿acaso no son los niños los mejores relatores de historias, los mejores fabuladores? Gran parte de la frescura y extrañeza de este relato radica en ese presente infantil y todo lo que permite.
El primer capítulo de la novela, “Las noches”, nos presenta a una niña insomne, que ve cómo cada una de sus hermanas cae frita y se lanza a recorrer su bella casa en penumbras, descubriendo misterios, enfrentando fantasmas, observando fascinada el rostro de sus padres cuando están entregados a eso que ella no logra hacer: dormir. Es así como entramos a la novela, por esa puerta trasera que es la noche, la noche en vela de una niña que se detiene en cosas raras, deja volar su imaginación, sufriendo y gozando su propia y solitaria adrenalina. A ese capítulo le sigue “El jardín”, donde el delicado clima de ensueño se vuelca sobre el espacio abierto del fondo de la casa, donde ella observa esta vez plantas y flores exóticas que perviven sin demasiado cuidado. Los siguientes capítulos avanzan en la vida de la protagonista: las clases de teatro a las que la lleva su papá, las visitas al laboratorio de la mamá, las vacaciones en un hotel donde no puede integrarse a la dinámica familiar y se recluye en un cuarto, acosada por una supuesta insolación y el fantasma de una niña ahogada en la pileta de abajo. Cada una de las experiencias que atraviesa la vigorizan, ensanchan su imaginación. También aparece un nuevo gabinete de curiosidades con las probetas y tubitos de ensayo que le trae su madre, el descubrimiento de su propia capacidad de desmayarse, a la par del de las continuas afecciones de su padre, que no termina de comprender pero la entristecen.
Los capítulos se ordenan por una ilusoria cronología, que si bien avanza en el tiempo –infancia, pubertad, adolescencia– responde más bien a unidades temáticas o espacios imaginarios. A veces una misma sensación la atraviesa en diferentes momentos, como un presagio del futuro o una reminiscencia. En este sentido la autora opera sobre la idea de autobiografía: el relato de la vida también es el relato de lo que vuelve, lo que retorna de forma inevitable, como el insomnio, y la literatura aparece como una forma de combatirlo, que la termina llevando a otro mundo.
¿Es la protagonista de La máquina de proyectar sueños entonces una bella no-durmiente, o mejor, una Alicia emancipada armando su propio itinerario de fantasías? Dice Cecilia Szperling sobre todo este imaginario sugerido: “Los cuentos infantiles en la voz de mi madre me resultaban increíblemente melancólicos, devastadores y tormentosos. ¡Justo antes de dormir! ¡Las niñas siempre frente a tantas injusticias! Muertas, dormidas, comidas, atacadas, perdidas, pobres, reinas sin reino, acosadas por madrastras, lobos, reyes malvados. Creo que los derroteros de todas ellas son tan intensos que solo los volví a ver en Justine de Sade o en Dogville de Lars Von Trier. Ana Karenina es de esa familia también. Esa belleza y desamparo, es una marca indeleble. Aún en los tiempos de Freud y de las psicopedagogas escolares... yo al menos, fui tocada por el huso envenenado de esas historias de deseo aterrador y parece que el veneno todavía perdura.”
La máquina de proyectar sueños. Cecilia Szperling Interzona 170 páginas
Solo falta mencionar entonces, dentro de las historias que condensa esta historia, de las heroínas que condensa esta heroína, a la más adulta, que se evoca sutilmente y desata múltiples resonancias: Catherine Deneuve en Belle de jour. La película se la cuenta una compañera más grande del colegio, en una escena típicamente puigiana, durante el tiempo muerto de la hora de comedor. De algún modo su amiga rebelde y más grande está “abriéndole los ojos”, aun más, a esta chica que todo el tiempo imaginamos como una de las ninfas de Da Rin. Es el anuncio de la adolescencia, la protagonista empieza a observar y observarse con más distancia, con más sospecha, traza alianzas que van a permitirle una rebelión más moderada que la de Catherine pero a la vez más productiva y moderna. Modos de escape de Belgrano R y su petit mansión signada por la tragedia que se avecina. Nuevas amistades, canciones, danzas y finalmente la literatura, que empieza con lo que retorna, de los ojos al papel.
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