el 4 de octubre en Madrid

el 4 de octubre en Madrid
La máquina de proyectar sueños

sábado, 8 de enero de 2011

viernes noche enero buenos aires

 22hs Arenales y Uruguay
Radio
Teté García Bravo y Ariel Schettini
Ariel lee poesías suyas que todos adoramos (especialmente Teté su fan/discípula)
El maestro Insinger improvisando en su compu; Belleza!

0:30 am Santa Fé y Callao  
Pizzería Luz de tubo
Bábara Scotto-después de su hermosa lectura- y Virgina Berberián  (productora suplente)
2:15 am- 
Loyola y Castillo- 
Fiesta en lo de Tatiana Saphir-

Ant y Britt

Axel Krigier y Julián Tello rapeando


3:15 am
Salguero y Cabrera
Casa de Virginia Berverian
Vir a modo de confesión, me muestra la máquina de ver películas que le regaló su mamá cuando era chica-vimos Blanca Nieves.

4:30 am.
Forest y Pampa
casita
¡Llueve!¡
Siiiiiii! 
lluvia, te necesito.






viernes, 7 de enero de 2011

Esta Noche Radio!

Confesor y Confesora-
La foto muestra el momento en que Ariel Schettini despliega un paraguas pringlense sobre mo cabeza y evita que un rayo de sol mortífero me fulmine para siempre en las praderas salvajes del Quiñihual.
Esta noche: Confesión, poesía y banalidad...clickeando aquí

http://radiouba.telecomdatacenter.com.ar/radiouba

martes, 4 de enero de 2011

Radio! Este viernes vuelve Confesionario y amigos...con...

a las 22 del viernes 7 clickeá aquí

Adorable  Bábara Scotto, en el río.
 Confesor Ariel Schettini y humilde confesora en la Batato del Rojas confesando cuestiones muy muy muy...

 Esteban Insinger, inspirado compositor que inauguró el diario íntimo...musical!
los superGlam Mariano Dorr (con corbtita) y Teté García Bravo (muy marilyn)

jueves, 30 de diciembre de 2010

nuestra barbitanga al museo de postales móviles!!!!!


De la foto casera con mi cara tapada por una tanga como barbijo al comienzo de la gripe A, pasando por todas las fotos enviadas hasta la repetición de la barbitanga de Perra de Agua a manos de mi fotógrafa favorita Flavia Da Rin.
El reverso de la postal con la foto cubierta por un papel transparente con un texto que escrbí.
 Foto sobre fotos del museo de postales móviles.
 Ilustraciones en otros salones del MDM.
 El Tema era el frío.
Nuestro  texto cubre la foto de Perri en barbitanaga por Flavia Da Rin. Uno de los curadores de la sala de Literatura e imagen es Adrián Candelmi, que fue quien nos invitó a participar.
La caja que contiene el museo de postales móviles idea y realización del colectivo Terrorismo Gráfico
....y la transformé en barbijo.

Murió el gran poeta Ricardo Zelarayán


Escritor en pose de combate. RICARDO ZELARAYAN. 

La aparición de “Lata peinada”, después de años sin publicar, permite reencontrase con uno de los más extraordinarios escritores argentinos contemporáneos, cuya influencia sobre las nuevas generaciones de poetas y novelistas es inmensa. Dueño de un estilo que combina la picaresca criolla con Joyce y Céline, su obra es una reflexión sobre la violencia del lenguaje

Por Fabian Casas /Fernando Molle


Obra. Con sólo cinco libros publicados en pequeñas editoriales, es uno de los autores que mayor influencia ejerce sobre los narradores y jóvenes poetas.

Mateo es un peluquero joven del barrio de Monserrat. Una de sus obsesiones es poder dar un buen servicio a los clientes y que ese servicio se metabolice en un crecimiento de su negocio. También es fanático de los libros de autoyuda que te estimulan para potenciarte y “no decir sí cuando se quiere decir no”. Tiene mucho sentido del humor y chispa al hablar. Hace poco me dijo: “Todas las noches le pido a Dios que haga nacer pibes con dos cabezas”. Esa frase me hizo reír y después me dejó pensando.
Horacio Binnel fue un compañero del secundario. En ese entonces era un tipo horrible, con cara de rata, casi siempre enfundado en un blazer grueso que le quedaba grande y que le producía un sudor permanente que le mojaba el pelo. Como los jóvenes son crueles, le decían El Bicho y sólo lo tomaban en cuenta para hostigarlo. El, como única defensa para sobrevivir, se expresaba solamente a través de refranes. Conocía millones de ellos y tenía uno para cada ocasión.
Mateo el peluquero, me hace acordar a los personajes de Ricardo Zelarayán que suelen ser creados por el lenguaje justo en ese momento en que el habla cotidiana sale del lugar común y produce un chispazo eléctrico que nos sacude de la modorra, como la piel sísmica del caballo se mueve para espantar a las moscas. El Bicho Binnel, en cambio, me recuerda la estrategia de escritura de Zelarayán con la que suelen empezar sus relatos, novelas o charlas: con refranes, con frases hechas modificadas, trastocadas. Una estrategia que pone en marcha la gran maquinaria zelarayanesca. Lata peinada, Variación 2: “¡Atención a los colados que pueden ser más importantes que los invitados! ¡Atención al número cualquiera que puede ganarle, a la larga, al principal! ¡Atención al huevo roto de la docena! ¡Atención al anónimo crecido en el viento negro de la miseria que puede ser el príncipe al final! ¡Ojo con el rengo que se agranda en la adversidad!”
Ricardo Zelarayán publicó muy pocos libros. Los poemas de La obsesión del espacio, en 1972, cuando ya tenía 40 años, La piel de caballo –una novelita finita–, Roña criolla –poemas repetitivos en clave musical–, un breve artículo crítico sobre Erik Satie, un librito de cuentos para chicos llamado Traveseando, y ahora acaba de aparecer la mítica novela perdida y encontrada que según Zelarayán “se le había ido de las manos”: Lata peinada. Desde las contratapas de los libros –escritas por él bajo el nombre de Odrazir Nayarales– Zelarayán preparó su mito: escribe mucho, pierde casi todo en sus incontables mudanzas por las pensiones y sólo logra publicar lo citado antes arriba. Dice que es entrerriano de nacimiento y salteño-tucumano por tradición. Se describe como un provinciano resentido exiliado en la capital, rodeado de porteños. También aclara que es sordo y músico frustrado. Lo de músico frustrado habría que reverlo. Porque lo primero que deja en claro la lectura de cualquier verso –ya sea bajo la respiración del poema o de la prosa– de Zelarayán, es que es un músico genial. Su instrumento, un pequeño aparatito que suele sacar del estuche para ponerse en la oreja: el audífono. Con él se convierte en “escuchón” y pasa al papel la música que produce la gente cuando se cruza en un bar o en las mateadas de amigos, los relatos orales que circulan de boca en boca, y que se van enriqueciendo de acuerdo al talento del narrador de turno. Zelarayán, como Joyce o César Vallejo, es difícil de traducir, con lo cual uno agradece haber nacido en su lengua. Sus relatos nos dicen dos cosas: que los géneros son convenciones tranquilizadoras que no sirven para nada y que un narrador que no lee poesía es un semianalfabeto. La gran salina, el poema que como un río atraviesa La obsesión del espacio, el libro de poemas del ’72, tiene sobre muchos de los buenos poetas jóvenes argentinos una influencia capital. La prosa de Zelarayán –siempre poesía– está hecha con violentos cambios de clima e imágenes dantescas del campo, pero no del campo idílico, sino de la urbanización que crece en el medio de los pueblos, trayendo sus negocios, sus traficantes, sus autazos y sus machados, es decir toda la escoria de las ciudades que destruye a la naturaleza original que ya se ha perdido. En la época de Dante, escribió T.S. Elliot, los hombres todavía tenían visiones. Los relatos de Zelarayán también las tienen: un hombre perdido en medio de un arenal, unos policías en lancha surcando el Riachuelo tanteando el cuerpo de un muerto, o una pelea memorable entre dos tipos que apenas se ven por la oscuridad de la pieza de adobe donde tratan de matarse a palazos. Leer algunos tramos de Lata peinada es similar a escuchar los grandes temas de Frank Zappa, sobre todo en esos momentos en los cuales el compositor bigotudo alterna disonancias molestas que preparan la irrupción de un fragmento lírico que pone la piel de gallina. Zelarayán en Lata peinada describe a unas gordas que paren hijos al tuntún y que están bajo la protección de un puntero local, hasta que éste, de pronto, muere. Zelarayán arremete: “Los votos de las gordas se venden caro… hasta que un día los perro cimarrones empiezan a atacar, a perseguir a muerte a las gordas sueltas despavoridas (…) ahora los hijos de las gordas sueltas vuelven rapados del servicio militar y arrasan con todo como langostas. Y las gordas que se salvaron de los perros cimarrones tratan de cazarlos entre las piernas”. Zelarayán solía acusar a Borges de “distanciador”. El prefería montar el caballo en pelo, sin la montura. Por eso, se indignaba cuando se decía que La Metamorfosis de Kafka era literatura fantástica. Para comprender La Metamorfosis de manera cabal, Zelarayán proponía leerla como un relato realista. Desde este enclave, los niños de dos cabezas que pide el peluquero Mateo, son con dos cabezas de verdad. Pero esta postura vital no debería dejar de lado algo esencial: que para el compositor entrerriano los Cahiers de Paul Valéry eran obras maestras de la literatura. En ellos, Valery no escribe poemas o prosa, sino que reflexiona incansablemente sobre los mecanismos de la creación. Zelarayán contaba que sus amigos porteños lo llamaban, gastándolo, “el franchute”. Lo cierto es que este descendiente de indios analfabetos por el lado paterno habla inglés y francés a la perfección –de hecho se ganó la vida traduciendo– y, como el autor de El Cementerio Marino, gusta de reflexionar sobre los engranajes de sus textos. El posfacio de La Obsesión del espacio es claro: “En realidad no es obligatorio leer lo que estoy escribiendo. Nadie espere una explicación de este libro. Simplemente, quiero agradecer y de paso… Pero por ‘ai’, y ese es el riesgo, lo que está adelante puede ser interpretado como el prólogo de esto, es decir que éste es el fondo de la cosa”. Lata peinada también tiene violentas interrupciones donde el autor escribe dos o tres veces el mismo fragmento y le va aplicando pequeñas variaciones. También hay apuntes donde se bocetan posibles líneas argumentales y reflexiones sobre los personajes y sus destinos.
A Ricardo Zelarayán le gusta contar historias. Quienes lo tratamos cotidianamente en algún momento de nuestras vidas, conocemos la anécdota repetitiva sobre una pelea a piñas de Haroldo Conti con un tipo del que, después de los golpes, se hizo amigo. Le encantaba particularmente este combate donde los dos hombres primero se mataban a palos y después se curaban mutuamente las heridas y se perdonaban. La solía contar con variaciones, como lo hace en sus relatos. En una había un perro de Conti en el medio de la trifulca: “¡Era el perro de Haroldo!”, gritaba debido a su sordera. En otra, los hombres peleaban en un balcón y había un loro que los arengaba. Todas las versiones eran extraordinarias. Ahora llevo en mi memoria esa maravillosa música, la voz de Ricardo Zelarayán. sigue

domingo, 19 de diciembre de 2010

Las Sobreadaptadas

el sensacional debut internacional de Las Sobreadaptadas, el viernes pasado en
la radio muy pronto aquí

viernes, 17 de diciembre de 2010

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Extasis y agonía en diciembre

lulú-la secretaria-una et moi pleno  pasaje de poderes.

lulú encandilando 

"Le tiré los lácteos", muy buena la frase acuñada por Rubén, el peluquero de Una que ya ha sido visitado x La Secretaria. El hombre, un genio de las tijeras (corta bien cualquiera sea su estado) fue al choque con LS al esgrimir la gorilásea frase "Esa Perra", una especie de reemplazo para "Esa Mujer".
Llegué con gripeta a full aclarando que me iría temprano. pero la noche de calor mágica me fue envolviendo en el magma de las corrientes femeninas y así recién partimos ante la inminente caída de perciana metálicamenazaba con partirnos el craneo al medio. ya tengo nostala de ayer a la no

domingo, 12 de diciembre de 2010

Dama$ Grati$ - Soy Paraguayo y Que

polleras japonesas

más polleras transparentes (made in japan)

Tarantino y yo!!


Ahora todos parecen anhelar hacer confesiones. Y pedirlas. Una verdadera corriente de pathos alrededor de uno mismo. ( Nota: corregir la constante autorreferencia, defecto que se pone en evidencia en cada una de estas notas al pie. Sólo con el ánimo de aplacar la curiosidad manifiesta de los lectores es que reproduzco la humillación que develé ante mi primer Confesionario.
) Escribí un libro en la última década del siglo pasado. Lo hice con una compañera de trabajo, aunque ella era la redactora estrella de este diario, el de mayor tirada de Buenos Aires, y yo, una modesta colaboradora que cobraba a destajo por cada artículo que publicaba. Para ingresar al diario debía entregar mis documentos a un empleado en el hall del edificio. A cambio, me colgaban de la pechera un ofensivo cartel que denunciaba mi condición de VISITA (apenas podía, yo desenganchaba el cartel y lo ocultaba en un bolsillo). Desde unas estrechas sillitas, las otras visitas y yo aguardábamos a que un verdadero redactor aprobara nuestro ingreso. Esas sillitas fijaban con precisión nuestro lugar en el mundo. Sólo teníamos que mirar a nuestros costados: informantes de la sección Policiales, actores de tercera línea, pasadores de carreras de caballos, deportistas en baja; todos ellos eran lo que yo, esto es: nadie. Una chica que no podía pagar las facturas de luz y que escuchaba elBolero de Ravel porque alguien había olvidado el disco en su casa.
La obra literaria en cuestión, un vulgar libro de chismes, merced a la eficacia de mi coequiper se hizo inmensamente popular. Fue nota de tapa de la revista dominical más leída, durante cuatro meses se hicieron concursos radiales de preguntas y respuestas sobre los personajes del libro, mi coequiper y yo nos maquillábamos en los taxis rumbo a las entrevistas en TV; firmamos cientos de ejemplares en la Feria del Libro; por la calle nos topábamos con desconocidos que gritaban nuestros nombres; los artistas, los escritores nos trataban como si fuéramos uno de ellos, como si compartiéramos su genio. Lo peculiar de esta celebridad es que se presentó con tal naturalidad que produjo el efecto de confundirse con personalidad. Quiero decir que parecía que todo siempre había sido así. Y que sería siempre así. Se vendieron diez ediciones del libro. Cincuenta mil ejemplares. Pagué la cuenta de la luz, entre otras cosas.
Las fiestas, los halagos, las sustancias euforizantes, las sustancias relajantes me produjeron una deliciosa amnesia, amnesia que afectó directamente la corteza en la que se hallaban incrustadas las sillitas del hall del diario. Luego, con el paso de los meses, los sonidos comenzaron a templarse. Las luces titilaron, los cócteles menguaron, los amigos también, hasta que, en una de las últimas fiestas, un fotógrafo se acercó. ¿Cuál es el momento exacto en el que una persona deja de ser famosa? Puede medirse con relativa precisión el momento en el que una persona comienza a ser famosa, pero no es tan sencillo registrar el de su ocaso. Una posibilidad es fijar el día en que un fotógrafo, en una fiesta llena de celebridades, luego de disparar unos flashes se le acerque y en un susurro le pregunte su nombre. Pero el verdadero último estadio de la humillación es el momento en que un fotógrafo le hace, en vez de una, dos preguntas: la primera, el nombre; la segunda, su número telefónico. Ese fotógrafo no trabaja para un medio periodístico. Al día siguiente de la fiesta llamará al ex famoso y le ofrecerá las fotografías que le sacó junto a las celebridades a razón de unos cien pesos cada una. Yo no las compré.
Las cosas habían vuelto a acomodarse en la misma sillita estrecha en donde habían comenzado. No tuve que escuchar más música de rock. Ya no era la chica más moderna de Buenos Aires. Y es que, olvidé contarles: por una combinación azarosa de factores, aquella fama, además, me había señalado como el arquetipo de la modernidad. Otra confusión entre fama y personalidad. No, yo no era una chica moderna. No era una cuestión de personalidad. O sí, era una cuestión de falta de personalidad. Cuando se fue la fama, se llevó mi personalidad.
Hace un par de meses, cuando me invitaron a leer un manuscrito en el ciclo Confesionario, lejos de alegrarme porque alguien volviera a acordarse de mí, fui presa de un ataque de pánico. En el Confesionario leían sus escritos personales notables poetas y artistas, finos escritores: ¿por qué fui yo invitada a leer mis “textos”? La respuesta me llegó unos días más tarde, cuando, convenientemente medicada, entré en el Centro Cultural Ricardo Rojas. Allí me esperaba la creadora del ciclo, Cecilia Szperling, junto con las dos directoras más brillantes, jóvenes y consagradas de la escena artística de Buenos Aires. Entonces comprendí que la operación que efectuó Cecilia Szperling al invitarme a mí, Laura Ramos, a leer mis escritos fue la misma operación que efectuó Quentin Tarantino al invitar a trabajar en sus películas a John Travolta y a David Carradine, los cascados, envejecidos héroes de Fiebre de sábado por la noche y Kung Fu .

pollera transparente!

lindas, no?
creatividad japonesa.

quiero estar ahí!

en el bosque nevado.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Ho Ho

 vía vivi tellas

Climáticamente incorrecto

Sé que pedir lluvia, cuando en Colombia y otros países se están ahogando bajo las aguas es climáticamente incorrecto.
Necesito lluvia, nieve...gris, blanco frío...este calor pesado no me deja pensar...razones que no puedo explicar aquí me impiden dejar esta ciudad caliente como un volcán.
quisiera estar en el ashram japonés de las 7 rocas, una a tus espaldas y recobrar ese estado mineral que me saca de la especie humano-animal por un rato.

Al fin, llueve!!!

viva la lluvia!

martes, 7 de diciembre de 2010

el chill out de Confes-por Bro


Comunión en el chino x Bro

Las noches en el chino se hacen cortas. Si no fuera por el descanso de los chinos, nos quedaríamos más tiempo. Algunos ya nos conocemos, otros no. Hablamos, callamos, otorgamos y los desconocidos nos volvemos familiares, como el chop suey.

- Para empezar, dos porciones de arrolladitos primavera, por favor.
- ¿Ló pocione?
- Sí. Y para compartir, pollo kung pao...
- É muuuy picante, ¿eh?
- No hay problema. También un chop suey y un chaw fan de camarones, por favor.
- Tónce... ¿Ló aloshado, ú kunpó, ú chop suey y ú chofá e camalón?
- Así es. Gracias.

Pensar que vienen de tan lejos; otra cultura, otra onda, otro idioma, otros tiempos y acá nos entendemos. La mesa giratoria anula las distancias... Casi tan lejanas como el fainá y el won ton; pero ya no, porque el chino no desentona en plena Corrientes.

Después del Confesionario, la Comunión es en el chino