el 4 de octubre en Madrid

el 4 de octubre en Madrid
La máquina de proyectar sueños

miércoles, 6 de octubre de 2010

Es Mañana! Maffía/Da Rin/Szperling en...Las chicas de la calle Crámer

Una gran noche!

cierre de confesionario + música 2010 por las nubes. anoche brilló la batato por tanto choque planeatario de talentos variopintos.  muy colocada la platea a full de amor y preciosas-preciosos amigos gozando la noche.


Seinfeld-Terán nos divirtió, Taradas-divinas nos llevaron a los '50, Freak del amor -nos conmovió, Mostros-power nos pixielizó. Saludo final.
abrazo feliz de la mega-diosa paula maffía et moi celebrando una noche que el público pidió repetir siempre, como El día de la marmota, haremos lo posible.

gran noche de Confesionario + Música- Luis Terán Confiesa

 El artista visual Luis Terán,  cual Jerry Seinfeld pampeano, nos confiesa que ha llamado a Atención al cliente frente a un producto defectuoso.
Sugus confitados, sin cnfites color rosa! recibió un paquete con 250 confites rosas en desagravio.


a Kinder porque no encontró el muñequito de Simpsons sino al del niño cantor. los muy malditos le respondieron que, mirara bien porque en la caja decía ¨muñecos de los simpsons entre otros".
aquí Luis se fuma un pucho--por supuesto que se quejó a Camel y a Marlboro, descansando en el campamento que se armó en un costado del escenario del chino después del show.

domingo, 3 de octubre de 2010

queremos tanto a Stef...

stef y tommy anoche en la casita brandon
stef et moi.

 Girlontape vuelve a Roma!!! después de 7 años de amar, rezar, comer, caminar, baialar, bailar, bailar en la ciudad de la furia.
te vamos a extrañar amiga...y cruzamos los dedos para estar en enero tomado un ristretto en una callejuela romana.

viernes, 1 de octubre de 2010

A City Of Sadness



cine again!

Syndromes and a Century



Cine:

cautivada por la adrenalina que generan las fabulosas series de TV, la familiaridad del blog, lo fácil y lindo del FB...me había olvidado del cine. Hasta que Andrés Di Tella me dio estas dos películas y una alergia me sacó del ritmo cotidiano.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Gran fiesta en una casa




PorPOR LAURA RAMOS “Me olvidé una parte del cerebro en algún lugar”
La última gran fiesta fue en la casa de mi mejor amiga, sobre la calle Santiago del Estero, la madrugada en que una chica rolliza y sexy, cuyo aspecto responde a lo que algunos definen como emo, su novia y varios extraviados más abrieron las botellas de cerveza estampándolas contra heladera, azulejos o cualquier superficie rígida que les opusiera resistencia, de tal manera que dejaron la cocina hecha añicos. 
Por los pasillos que unían pista, cocina y saloncito sólo podíamos avanzar patinando, tal el estado líquido de los pisos, esos mármoles blancos y negros resbaladizos tan frecuentes en las casas viejas de Monserrat. El único sitio seguro para evitar caídas, eventualidad que nos preocupaba a quienes como nosotros, adultos inmaduros, una caída podía significar, con la más benévola de las posibilidades, una fractura intracapsular de fémur, lo cual conduciría indefectiblemente a una cirugía artroplástica, la colocación de una placa tornillo, unos clavos de Ender u otra prótesis, era la diminuta pista de baile, porque allí el balanceo de los cuerpos tan apretados unos contra otros hacía imposible un descenso. 
Sobre la mesa de la mezcladora los discos que pasaba Leo García se apilaban entre vasos, botellas vacías, charcos de hielo derretido, papeles de caramelo plateados y una media negra de seda arrugada, con una liga ridícula.
Al haberse convertido el toilette en un lugar de acceso no sólo inutilizable a causa de que nunca entraban o salían menos de dos personas cada vez, sino de su alta toxicidad, abrimos la puerta del baño privado de mi amiga y nos encontramos con una pila de sillas del comedor, a la sazón desarmado para despejar la pista.
Alguien vino a avisar que el muchacho que habíamos contratado para que vigilara la puerta de la casa y que cobraba $ 5 a cada invitado, había huido con lo recaudado y que tendríamos que pagar de nuestros bolsillos el alquiler del equipo de sonido y las ciento veinte botellas de bebidas. 
Pero Leo había puesto a los Pet Shop Boys remixados por Guy Boratto y nos fuimos al pogo a dejarnos llevar. Los extraviados bailaban unos apoyados sobre otros, armando un puente que se derrumbaba a cada momento para volverse a alzar. Uno que manejaba las luces se había sacado la ropa y bailaba en tacos aguja y slip. El vapor que emanaba de la pista humedecía el aire en una nube que nos abarcaba a todos en una identidad única, promesas de lealtad, un ideal mítico, una nueva forma de vida. (Nota: Consultar al psiquiatra sobre los efectos secundarios de los psicofármacos combinados con la electrónica.)
Fuimos al saloncito a reposar un rato, pero los sillones estaban ocupados por la ropa de los que se estaban cambiando. (Precaución: eludir por todos los medios la mención a los desnudos en estas notas al pie.) 
Al regresar, un rayo de luz que despedía la claraboya del techo nos hirió los ojos. La fiesta llegaba a su fin. Como diría Kodwo Eshun, la noche se había tragado al día. Debíamos irnos a dormir; nuestras glándulas suprarrenales habían trabajado en esa noche el equivalente a treinta noches. Necesitaríamos dos días para recuperarnos. O, como cantaban los Pulp: “Mamá, no puedo volver a casa porque olvidé una parte importante del cerebro en algún lugar”, con la salvedad de que esta vez “mamá” éramos nosotros.
Entre los últimos de esa fiesta, que pareció condensar en sí tantas fiestas, el único que parecía conservar sus facultades intactas era G. C., a quien un cretino calificó de “careta” por esa razón. Decidimos, antes de irnos, recoger los vidrios esparcidos por la casa. Con escobas, palas, bolsas de residuos, saludábamos a los que salían. La chica sexy con su novia y sus amigos se dirigía a la puerta. Llevaba en la mano una botella de la que bebía a cada momento y nos saludó con su pelo. Mientras reuníamos una montaña de colillas de cigarrillos advertimos que nos había tratado de usted.
(Pensamiento a desarrollar: ¿a quién se le ocurrió mezclar generaciones en un lugar de esparcimiento?).

Darjeeling Limited Soundtrack ,,The Guru´´

invitación: en primavera salgo de la cueva- martes 5 -jueves 7-

lunes, 27 de septiembre de 2010

invitación -Las chicas de la calle Crámer

Textos y lectura: Cecilia Szperling//Música: Paula Maffía//Imágenes:Flavia Da Rin.


Jueves 7 de octubre. 20hs.
Casa de la lectura-
Lavalleja 924
 Gratis.

interior



del Highway Patrol...Conde y Elcano

domingo, 26 de septiembre de 2010

Dadá

Se han escuchado críticas alarmantes de Dadá. Por mi parte, no puedo quejarme la foto que Girlontape nos sacó a Barban y a mí sigue colgando en una pared desde el año pasado.

jueves, 23 de septiembre de 2010

el dijo de ella...

Evelyn y yo escuchamos al incondicional romántico en un rincón del escenario.

Ariel Schettini y Esteban Insinger conocen a los protagonistas de las confesiones...

Evelyn queire esclavos y los consigue! quiero ser como ella!!!

miércoles, 22 de septiembre de 2010

anoche en Confes...

presentamos a Ariel Schettini y arranca la noche con uno de los confesionario más conmovedores del ciclo. Al top five!

Ariel trae documentos, el diario de Bioy, donde se habla del mismísimo Daniel de la historia.


Junto a Mariano Dorr nos preguntamos que dirá Evelyn de él.

Que noche Teté!!

pañuelo de boy scout de la infancia de Juan Ravioli que me regaló en la noche de Confes en la batato. ¡que emoción!
todo confes + música-banda de Juan Ravioli y banda de Confesores- Schettini-Dorr-Galiazo

juan se despide del público
mmm...! esto me interesa!




Mariano Dorr confiesa sobre Evelyn Galiazo- "hace poco supe que en aquel entonces, mientras Evelyn y yo nos conocíamos,etc...,ella en realidad estaba de novia con quien yo creía que era su ex."
evelyn espera su turno para confesarse.

Evelyn sobre Mariano "Le propuse ser mi esclavo...y aceptó"

 Ariel Schettini "Lo conocí del peor modo: Yo organizaba una revuelta en su contra"

martes, 21 de septiembre de 2010

esta noche a las 21hs Confesionario + Música-en el Rojas

Música: Juan Ravioli + banda
Confiesan: Mariano Dorr-Evelyn Galiazo Ariel Schettini
Confesora: moi.
Cecilia escucha a Juan en Confesionario 2009-en la biblioteca
Juan Ravioli canta, pero antes habló de su animalitud. Confes 2009.

Gracias Eduardo Sóbico por los dibujos!!! preciosos!!!

Mariano Dorr esta noche en Confesionario + Música...

hoy martes 21 de septiembre ¡primavera!...Confesiones y Música en la Batato.
Juan Ravioli con banda. Ariel Schettini, Evelyn Galiazo y...
Mariano Dorr

en la sala batato barea del rojas a las 21hs puntual y gratis!!

lunes, 20 de septiembre de 2010

Ariel Schettini mañana en Confesionario + Música



Música: Juan Ravioli-Confiesan:Mariano Dorr - Evelyn Galiazo y...

Ariel Schettini


martes 21-21hs. CCRRojas.sala batato barea-Corrientes 2038-gratis

domingo, 19 de septiembre de 2010

Juan Ravioli y banda...

este martes 21 en Confesionario + Música
confiesan: ariel schettini-evelyn galiazo-mariano dorr- confesora: cecisz
21hs. CCRRojas. Corrientes 2038-sala batato barea- Gratis y Puntual

sábado, 18 de septiembre de 2010

Los noventa

Viejo León de Zoo...

post levantado de el señor de abajo


por Fabián Casas

para Damián Ríos
y Martín Gambarotta


La última vez que hablamos fue un domingo muy frío, por la noche. Me acuerdo que Guadalupe y yo estábamos metidos en la cama cuando sonó el teléfono y era él. Me dijo que tenía la computadora ocupada por sus hijos y que por eso aprovechaba para saber cómo iba el embarazo. Le dije que teníamos fecha de parto para la semana entrante y que ni bien saliera Ana al espacio, le íbamos a avisar. Desde que se había enterado que esperábamos un hijo, él nos hacía un seguimiento ginecológico-telefónico semanal. Me acuerdo que cuando le conté lo del embarazo, se le quebró la voz y se puso a llorar. Me dijo que dar vida era lo máximo que uno podía hacer en el mundo, que él, ahora, estaba al servicio de sus hijos.


Cuando cumplí 21 años me fui de viaje por América con mis compañeros de filosofía. Queríamos remedar el viaje del Che pero sin que muriera nadie. Antes de salir del país, mientras parábamos en el camping de Salta capital, di en una librería con la obra poética completa de Juan Gelman, editada por Corregidor. Años después Gelman me dijo que era una edición llena de errores, pero yo no estaba capacitado para identificarlos. De Gelman, en ese entonces, me gustaban hasta las erratas. Conseguí ese libro de manera curiosa. Le vendí mis botas naúticas al sereno del camping y con esa plata me lo compré. Lo raro fue que a la semana detuvieron al sereno robando en las carpas. No sé por qué, en vez de robarme las botas, prefirió pagármelas, lo cual redundó en el excedente del libro de Gelman y en que pasé unos días hermosos leyéndolo en el pasto y a orillas de los ríos donde acampábamos. Era muy feliz. Aún hoy Cólera Buey me parece una obra genial y disfruto de los poemas de Sydney West y algunos que otros sueltos de los primeros libros. Como el del albañil Iraniaka, al que la muerte cuando lo está pasando para el otro lado le dice que tiene que venir también su corazón, pero él le explica que no puede porque su corazón "ha hecho su casa en una mujer". Estoy citando de memoria y puede que los versos no sean exactamente así. Porque muchas veces modifico los versos en mi cabeza hasta que me los apropio. Otro poema que me gusta es de Gotán, un libro de Gelman que causó sensación en su momento pero que ahora parece haber envejecido ya que estaba muy apegado a la época. El poema empieza con este verso: "Al que extraño es al Viejo León del Zoo". De manera curiosa, cuando recuerdo este comienzo, le agrego el adverbio "verdaderamente". Es decir, que digo "Al que verdaderamente extraño es al Viejo León del Zoo". No sé por qué. Sin duda es mejor no empezar -ni terminar- con un adverbio, pero en mi memoria éste se vuelve necesario, como si anclara el verso en el corazón.


Parece que fue a un encuentro de escritores que organizaron en Montevideo. Le tocó un fin de semana muy frío y el hotel donde lo habían ubicado no tenía calefacción. Como también le iban a demorar el pago por los honorarios, es decir, no era en cash sino con factura a 60 días, él se puso en llamas y se hizo mucha mala sangre discutiendo con los organizadores. Consiguió que lo cambiaran de hotel y que le pagaran en el acto. Como era un encuentro de escritores, a mí me parece que debe haber jugado también la parte narcisista y que debe haber tenido que encender día y noche su representación, algo que resulta muy desgastante aún para esos que, de alguna manera, hicieron de su personaje una segunda naturaleza. El Viejo León del Zoo -porque ahora lo recuerdo así- era tímido y muy emotivo. Con la sensibilidad a flor de piel. Y para defenderse tiraba zarpazos y meaba el entorno en lugares inapropiados. Parecía estar siempre al ataque -y tal vez lo estaba- pero nunca se había comido a ningún cazador.


La primera vez que lo ví fue en en un apart hotel de la avenida Santa Fe donde vivía. Yo había leído algunos relatos suyos y teníamos amigos en común. Algunos de los cuentos me parecían muy buenos -como "Japonés", una obra maestra- pero lo que más me impactaba eran las fotos de su cara con las que ilustraba las tapas de sus libros. "Pájaros de la cabeza", editada por Catálogos, era genial. Los pelos parados, las cejas levantadas en signo de alarma, los ojos desorbitados. Era la contracara de esa enfermera que te pide silencio en las paredes de los hospitales. Ese rostro parecía orbitar el caos, ser el caos. Ahora, mientras escribo, me imagino que él me hubiese dicho: "No pongas rostro, boludo". Tampoco quería que pusiera "torso" en vez de pecho. El apart hotel era un desastre. Entrabas por una galería que nacía casi sobre la 9 de Julio, subías unas escaleras y tenía todo patas para arriba. Recuerdo un mate volcado sobre una alfombra verde. Tenía un escritorio repleto de papeles y una computadora siempre prendida. Y un grabador con música folclórica, lo cual me sorprendió. No sé de qué hablamos aquella vez, pero nos hicimos amigos. Desde ese momento lo visité en diferentes casas, donde vivía solo o en pareja, con más o menos hijos, con hijos más grandes y más chicos. Siempre con pocos libros -suyos y de otros- pero leyendo de manera persistente a los contemporáneos. Tenía algo particular con esto y que es esencial para una cultura: era un escritor que no bendecía a los que escribían como él. Le gustaban los que hacían lo contrario, los que expandían la paleta de colores sobre la que él trabajaba. No estaba generando su propio canon para que reafirmara su obra, es más, es probable que esos nuevos escritores cuestionaran sus textos. Con él se podía hablar, se podía discutir de igual a igual. Un don que pocas personas pueden sostener. Somos todos iguales, en esencia, pero muchos se olvidan de eso. También quería que los escritores grandes -los que él admiraba- conocieran a los autores que él "promocionaba". Una vez me citó en un hotel donde estaba parando Saer. Cuando llegué el Turco tomaba una copa de champagne mientras él y dos hijos suyos se comían todo lo que estaba en la mesa. Me dijo, con la boca llena, que le pasara mi libro al genio de Serodino. Eso hice. También le dije -para entrar en calor- que para mí había sido central leer sus libros, que era el escritor más grande del mundo. "Cicatrices", le dije. Saer me miró -aunque habló, no recuerdo su voz- y agarró mi libro y lo dejó caer entre su muslo izquierdo y el pliegue de la silla. Y debe estar aún ahí, porque no le volvió a prestar atención. Quique se me acercó y me dijo: "Comé que paga el Turco".


Volvió de Montevideo enfermo -por lo que pude reconstruir- y pasó unos días malos. Respirando cada vez peor. Igual no paró, vio gente, fue a comer a casa de amigos, escribió, leyó, se fue a nadar al club y cuando el cuerpo estaba al dente, caminó hasta el Hospital Italiano para internarse. Ya lo había hecho varias veces. Se internaba, se ponía mejor, volvía a sus cosas. Sabía que en cualquier momento se podía morir, era algo que tenía presente, pero esto no lo perturbaba. No era un esclavo. Con relación a su muerte, era un hombre libre. Podría haber muerto mucho antes, un montón de veces. Podría no haber publicado nunca. De hecho, lo hizo ya mayor, a los 39 años. Ahora digo que toda su obra -que es grande- no le llega ni a los talones a él. No extraño sus cuentos, no extraño que no escriba más, que no vaya a leer cosas nuevas suyas. Extraño su voz, su risa. Su generosidad. Su mal genio. No reivindico su inteligencia. La inteligencia es algo que puede tener cualquiera. Es un don. Reivindico su bondad. La bondad es algo que uno trabaja, que uno aprende a ser. Su inteligencia, por ejemplo, puede hacer una reescritura cool del Orlando de Virginia Woolf, pero a mí ese relato -"Memoria de paso"- me deja seco. Es como un ejercicio de habilidad. Pero su coraje y su talento pueden escribir "Los libros del caminante", tal vez su libro más querido por mí. No digo el que me gusta, digo querido. En ese libro él se estaba probando como novelista, tanteaba en abismo. Después está "Vivir afuera" o "En Otro orden de cosas", novelas que parecen irrumpir desde la literatura hacia la sociología. Y no al revés. Frescos de época. A mi lo que me gustaba de Quique era la forma en que vivía, a la marchanta, con una inmensa vitalidad. Para un conservador y depresivo como yo, era homeopático verlo avanzar entre el desorden, imponiéndose con sus gustos y disfrutando de sus diatribas. Como una torta de hojaldre, uno percibía que había tenido muchas vidas, muchas mujeres, muchos amigos, muchos muertos punks en su haber. Y muchos hijos. Dice Vera -su hija- que cuando era muy chica él la llevaba en una bolsa de hacer las compras. Me quedé pensando largo tiempo en esa imagen. La precariedad de un bebé adentro de un objeto cotidiano y bamboleante como una bolsa. Ojalá yo pueda tomar algo de esa frescura a la hora de relacionarme con mi hija. Estas noches en las que camino en círculo con ella en mis brazos, para que se duerma, pienso mucho en Quique. Y siento que él también está nadando de noche. Con largas brazadas. La respiración, ya lejos del agobio de la historia, es perfecta. Va a la par nuestro. Eso me da fuerzas. De alguna manera, soy Fogwill.